A finales de la década de 1920, Nueva York no era solo una ciudad; era una fiera económica indomable. Wall Street parecía una máquina infinita de hacer dinero, el jazz sonaba en cada esquina y los millonarios de la época sufrían de una obsesión común: la altura. En esa atmósfera de opulencia y testosterona arquitectónica, se desató la carrera por el cielo, una batalla de egos que cambiaría el horizonte del mundo para siempre.
Los protagonistas de esta historia no fueron los obreros que caminaban sobre vigas de acero a trescientos metros de altura sin arnés, sino dos hombres de negocios y sus respectivos arquitectos, atrapados en una rivalidad personal.
En una esquina estaba Walter Chrysler, el magnate de los automóviles, un hombre hecho a sí mismo que quería un monumento que gritara su éxito al mundo. Para diseñarlo contrató a William Van Alen, un arquitecto vanguardista y amante del Art Déco.
En la otra esquina estaba el Bank of Manhattan (ubicado en el 40 de Wall Street), liderado por un consorcio financiero que contrató a Craig Severance.
Aquí viene el giro dramático: Van Alen y Severance habían sido socios años atrás. Se conocían a la perfección, se odiaban a muerte y el destino los había puesto a competir cara a cara por el título del “Edificio más alto del mundo”.
A lo largo de 1929, los dos edificios crecían a un ritmo frenético de hasta cuatro pisos por semana. Era un juego de póker arquitectónico. Si Severance añadía un piso a los planos del banco, Van Alen modificaba el diseño del Chrysler para superarlo.
Finalmente, Severance y el Bank of Manhattan terminaron su estructura en Wall Street alcanzando los 283 metros. Miraron hacia el norte de la isla, calcularon la altura del edificio de Chrysler y, al ver que se había detenido por debajo, cantaron victoria. La prensa los coronó oficialmente como los reyes del cielo neoyorquino.
Pero Van Alen se estaba guardando un as bajo la manga. O más bien, un puñal de acero inoxidable.
Mientras todos pensaban que el edificio Chrysler estaba terminado, el arquitecto había obtenido un permiso secreto del ayuntamiento. Dentro del propio armazón del edificio, oculto a los ojos de los transeúntes y de los espías de Severance, los obreros habían estado ensamblando en secreto una estructura monumental: una aguja de acero de 56 metros de largo conocida como The Vertex.
El 23 de octubre de 1929, apenas unos meses antes de la inauguración, ocurrió el clímax de esta guerra. En menos de noventa minutos, una gigantesca grúa izó la aguja desde el interior del edificio y la encajó en la cima a través del techo.
De la noche a la mañana, el Edificio Chrysler pasó de estar perdiendo la carrera a medir 319 metros, superando no solo al Bank of Manhattan, sino también a la Torre Eiffel. Severance y los banqueros de Wall Street quedaron completamente humillados en público.
La victoria de Chrysler y Van Alen duró un suspiro. Exactamente seis días después de que se izara la aguja, el 29 de octubre de 1929, la bolsa de Nueva York se desplomó. El “Martes Negro” dio inicio a la Gran Depresión. El dinero se evaporó y la fiesta de los años veinte terminó de golpe.
Además, el karma arquitectónico hizo de las suyas:
- Un gigante en la sombra: Mientras ellos se peleaban por unos metros, a pocas calles de distancia ya se habían colocado los cimientos del Empire State Building. Inaugurado en 1931 con 381 metros de altura, el Empire State barrió el récord del Chrysler en menos de un año.
- La desgracia del ganador: Walter Chrysler se negó a pagarle a su arquitecto, William Van Alen, acusándolo de recibir comisiones ilegales. El hombre que ideó la jugada más brillante de la historia de los rascacielos tuvo que ir a juicio para cobrar sus honorarios y su reputación quedó tan dañada que nunca volvió a diseñar un edificio importante.
Hoy en día, el banco del 40 de Wall Street pasa desapercibido para la mayoría de los turistas, mientras que las gárgolas de acero y la corona iluminada del Edificio Chrysler siguen siendo el símbolo más hermoso y elegante de una época en la que los hombres creyeron que podían tocar las estrellas a base de ladrillo y acero.